Castillo Marroquín, atractivo medieval de Chía

El Castillo, construido en 1898 en la hacienda del expresidente y literato de Colombia don José Manuel Marroquín, fue encomendado por su hijo Lorenzo al arquitecto francés Gastón Lelarge, quien contó con la colaboración de los maestros Julián Lombana y Demetrio Chávez.

Hecho de piedra, con almenas (prismas en los muros) y torreones, con fosas, foros y estancias, laberintos, leyendas y aún apariciones; el castillo Marroquín es considerado una reliquia medieval de Chía que nos evoca las construcciones de los viejos castillos europeos.

Cuenta la historia que don Lorenzo fue un ser caprichoso y neurótico que heredó de sus antepasados el temperamento de hidalgo muy acendrado a sus tradiciones. Para complacer sus añoranzas invirtió su patrimonio en la construcción del castillo para exaltar el recuerdo de su estirpe poderosa que vivió en la península Ibérica en el siglo XVIII.

Desde entonces el castillo ha tenido diferentes inquilinos, propietarios, quimeras y leyendas. Ha funcionado, entre otros, como residencia familiar de los Nieto Ramos, como casino, casa de juegos, salón de té, restaurante, cantina, cabaret, sanatorio y sede de eventos artísticos.

 De fantasmas y leyendas

La tradición lugareña relata que el castillo no siempre fue benévolo con sus habituales inquilinos. Un día la esposa de don Lorenzo desapareció por uno de sus laberintos y nunca jamás se volvió a saber de ella. Años más tarde, cuando funcionó allí el Sanatorio de Lourdes, una distinguida dama se ahorcó con la sábana de su cama.

Por mucho tiempo el Castillo de Marroquín estuvo abandonado hasta, la década del 70, cuando el petrolero venezolano Luis Guillermo Villamil lo compró y lo reformó.  Poco tiempo después Villamil murió en un accidente aéreo.

Todas estas casualidades han hecho leyenda al punto de que se habla de “el espíritu de venganza de don Lorenzo”. Hoy el castillo es lugar concurrido por los bogotanos y lugareños para disfrutar de conciertos, desfiles de moda y grandes fiestas que han logrado mantener alejado al caprichoso y neurótico don Lorenzo.

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