Del Mohán y su cueva en Chía

Comparte en tus redes

 

El Mohán es un personaje perteneciente a los mitos folclóricos de una gran parte de los pueblos colombianos.​ Se le describe como un ser humanoide, corpulento, con una abundante y descuidada cabellera con la que cubre gran parte de su cuerpo. Se le ve en las montañas, peñascos, playas de los ríos, rocas, mora en cavernas cercanas a quebradas, ríos o lagunas; a veces es descrito como un ser musgoso, cubierto todo de pelo, con larga y abundante cabellera, ojos brillantes y uñas largas y afiladas. Las leyendas describen a los mohanes como varones que fuman tabaco y se roban a las mujeres que más les gustan cuando lavan la ropa en la quebrada, razón por la cual las debe acompañar un varón. Su cara tosca y de fiero aspecto, sus frecuentes griterías y risotadas, hacen del mohán el terror de los que trabajan cerca de los ríos o en barcos, como pescadores, bogas y las lavanderas.*

Pues bien, la Ciudad de la Luna no es ajena al Mohan, también en esta población se cuenta su leyenda y en una finca privada de Tiquiza, cuentan que está la cueva. Según relatos suministrados por Luis  Francisco Vargas, un poblador de Chía, sus antepasados siempre le hablaron de la cueva: “decían que esa cueva llevaba a un túnel que desembocaba en una laguna en la vereda de Samaria y ahí dizque iba a salir el Mohán en ese sitio. Se dice que allá era donde los indios veneraban la luna, en la laguna de Samaria”.

Luis Eduardo Fajardo, quien fuera secretario del Resguardo indígena, narró lo que para él es la Cueva del Mohán: “De niño, se tenía la información que se transmitía de unos a otros acerca de la Cueva del Mohán y había algunas especulaciones. Se decía que la familia Duarte, familia asentada en la vereda y bastante adinerada, uno de sus miembros había entrado a la cueva y había sacado algún tejo de oro y con ese tejo había comprado la finca. Algunas otras personas hablaban de haber entrado hasta cierto término, les faltó el aire, encontraron murciélagos, arañas de no sé qué tamaño y no pudieron seguir. Personalmente tuve la oportunidad de ir, por allá por el año 58, y lo que allí observé es que la entrada de la cueva está tapada, se cayó una de las piedras que en alguna época supongo que estuvo haciendo de tejado, una especie de dolmen y se cayó la de encima y está bloqueada la entrada. Cómo eso hace parte de una familia, no se por qué razón, una de las familias pudientes del Municipio, primero los españoles y le siguieron… porque eso es del Resguardo Indígena, no hay ningún antecedente en el sentido de que se hubiera repartido esa tierra, los títulos no dicen en ninguna parte que eso se le entregó a alguien, de modo que si ellos tienen esos títulos fueron de una u otra forma, habidos en buena condición pero absolutamente ilegal, incorrecto, no es posible que titulen un territorio que, como está claro, quedó en su debida oportunidad sin repartir para que lo disfrutaran los indígenas”.

Por su parte, Luis Francisco Vargas, otro de los pobladores de Chía, cuenta que la Cueva del Mohán no es una, son en realidad dos cuevas, “una superior a la otra, y en una de ellas hay una piedra que incluso se balancea, los muchachos cuando subían allá se ponían a balancearse allá sobre la piedra. Quién sabe si se caería, se corrió para algún lado y perdió el equilibrio, la balanza. Pero nos contaban que allí vivía el Mohán”.

Panorámica de la hermosa Ciudad de la Luna

Los indígenas del Resguardo y los campesinos de la región han mirado siempre con respeto y temor el sitio, lo cual ha permitido tejer leyendas sobre lo que sucede. “Yo estuve allá, pero como es un túnel, nunca me atreví a meterme. Se mete uno allá a la piedra, porque eso es una piedra grandísima. Lo que recuerdo, porque estuve hace mucho tiempo, es que es redonda. Yo recuerdo la cueva que vi, al lado es donde nace el agua, que es donde están las piedras, y es donde nacía el agua para el consumo del agua del municipio. Era la fuente de Tíquiza. De allá venía el agua por unos tubos a los tanques y de ahí de los tanques la mandaban por gravedad a todo el pueblo. Que después el doctor Francisco Urrutia, cuando fue alcalde se hizo dueño de todo eso, que era parte del Resguardo. Lo que era Tíquiza, según cuentan, ahí eran los cementerios de los chibchas. Ahí es el cementerio. Nosotros estuvimos trabajando en una época, ahí, haciendo una quinta, donde está hoy en día don Miguel Betancur, que es el administrador, hacia el lado de allá de los tanques, esa finca pertenece hasta arriba, donde está la Cueva del Mohán. Cuando estuvimos trabajando, fue cuando fuimos a la Cueva donde decían salía el Mohán”, relató Luis Francisco Montañez.

Aunque para los Muiscas el Mohán era el mismo Jeque o Sacerdote, para los descendientes es “básicamente un espíritu, bueno o malo, siempre se le atribuían poderes sobrenaturales. Mis padres, mis abuelos, siempre entendían el Mohán como algo sobrenatural”, recuerda Luis Eduardo Fajardo. Hay quienes afirman haber visto al Mohán y existe la creencia generalizada de que quien logre capturarlo obtendrá grandes riquezas.

Pero, la leyenda más hermosa y completa la hizo Leonor Vargas de Díaz, en una entrevista realizada por los años sesenta, ella relata: “Para mí, vivía el Mohán, porque sí lo vi. Una tarde de mayo, en 1938, nos fuimos por el agua los vecinos, a eso de las 6 y media de la tarde. Llevamos la burra con los chorotes, los que podían el chorote cargado, los niños llevaban lo que no les pesara y pudieran traer, sus botellas de agua. Como llevábamos dos mulitas con chorotes, yo creía que era competente y me iba adelante, adelante, adelante, para que cuando llegara mi hermana yo ya estuviera lista, porque había que sacar el agua por debajo de los alambres, porque esta gente templaba bien los alambres, en parte tenía razón para que no le hicieran daño al agua, o el ganado que se mantenía por el camino. Yo llegué más o menos a las 7 y metí el tarro cuando sale así un niño, el físico de la cara, sus ojitos azules, el pelo se le hizo así, y cuando yo voltié el tarro, el niño se hizo así y suaz, se fue. De ojos azules, de edad de tres meses, un bebé. Yo metí el tarro y salió, no sé de dónde salía, yo lo vi fue dentro del agua, que se batió, movió paticas, manos, el pelo y chus, se consumió, se volvió a hundir. Serían las 7 de la noche y una luna que brillaba. El niño estaba desnudo. Era blanco, precioso, ojiazul, la piel no era blanca, no era amarilla, para mí un bebé. Era más rosadito, palidito. Yo cogí el agua y salí, los llamé ‘vengan, vengan que hay un niño aquí en el pozo’, todos corrieron y todos corrimos y nada, todo silencio. Sacamos el agua y nos fuimos. Eso lo tomé yo como el Mohán. Yo sentí un susto, un miedo, no angustia, porque yo hubiera llorado, hubiera gritado, hubiera quedado… un susto, un miedo. Para mí fue claro que se trataba de un Mohán. De un niño de los de Tíquiza. A nosotros siempre nos decían que el Mohán estaba en Tíquiza. Ahora, mi mamá nos cuenta, o nos contaba, que de los pozos de los que le estoy hablando, unos cuatro, o más, hay una cueva encantada, que cuando iban cazando los armadillos, o conejos o borugos, se iban el animal que se estaba cazando, más uno o dos perros y nunca volvían. A la cueva. Es la cueva encantada. La Cueva del Mohán es una y la cueva encantada es otra. Mamá era la que contaba que había dos cuevas: la del Mohán y la encantada. Y la del Mohán que él vive allá y a uno le infundían eso, que por eso se ve oscuro, que por eso había agua, que había que tener fe en el Mohán que él pasaba cuando se ponía todo nublado. El Mohán es, lo describían ellos, como una persona de nieve. A nosotros nos decían que era una persona que pasaba de un cerro a otro y que llevaba cosas, nos llevaba la riqueza, el agua, lo de los montes, lo de los cerros” .

Texto basado en la publicación: El Resguardo Indígena de Fonquetá y Cerca de Piedra
“Los Muiscas del siglo XXI en Chía”.  Autor: 
Javier Correa Correa

Fotos suministradas por la Oficina de Turismo en 2010.

*(Tomado de ://es.wikipedia.org/wiki/Mohan)

Deja un comentario