Johana Galvez, la tejedora de historias en Chía

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Es fácil conversar con Johana Galvez, una mujer pequeña pero grande en sueños, proyectos y emprendimientos. Dibuja, teje historias y productos, es investigadora, percusionista, escribe proyectos y también historias, es heredera materna de la aguja, la lana virgen, el fique y el tejido; es mamá dedicada y también esposa y compañera de andanzas y de vida.

Ser heredera del tejido de su abuela (nacida en Ubaté) y de su madre (nacida en Fúquene) le ayudó a crear todo ese universo en el que actualmente se mueve y por el que lucha para llegar a buen destino. Siendo más joven inició su propio proceso formativo en la Casa de Cultura de Chía y en cuanto taller y curso por internet podía. Llevó su trabajo y el de su madre a muchas ferias en el país, hasta que presentó un taller de títeres en Bibliored y les gustó tanto que comenzó a hacer proyectos enfocados a transmitir, a través de las artes plásticas y el tejido, historias y tradiciones del territorio que habitamos, con el fin “de fortalecer la identidad en niños y jóvenes y lograr a través del arte, saber dónde estás y valorarlo”, dice emocionada y convencida. En este trabajo estuvo 12 años.

Durante ese tiempo creó también el Taller de Arte Mandala para educar a través de las artes y el tejido; conoció a Camilo Cantor, su compañero, un músico con sus mismos sueños y su mismo lenguaje pero trabajándolos a través de la música. Montaron entonces Tierra Viva, la primera escuela de música independiente en Chía que fue  transformándose en lo que hoy es la Corporación Cultural La Ruana, a través de la cual desarrollan su proyecto de vida.

Y de todo este proceso creativo nació “Hilando historia y tradición” un hermoso emprendimiento cultural concertado, con el Ministerio de Cultura y la Alcaldía de Chía, que lleva la primera fase concluida, de ocho meses, y otra por concluir. Son talleres de tejido en los cuales también afloran los saberes tradicionales de la vida y suena la música, dirigida por Cantor, con coplas, cantas y refranes.

Comenzó en la vereda de Tíquiza con mujeres cabeza de familia y gestantes y fueron llegando jóvenes, adultos y niños. “No es solo aprender puntada, es compartir hilando historias, que los que lleguen cuenten sus historias. Que la identidad no se pierda y que, a través de las artes plásticas, los adultos sean conscientes de la importancia que tiene el contar la tradición. Es un intercambio de saberes, todos tenemos siempre una historia que contar”, expresa.

En este quijotesco proyecto, en el que ella no ha dejado de trabajar, ha contado también con el apoyo de Sandra Mejía, directora del Instituto Educativo de Fagua y de Gloria Jamaica de la Junta de Acción Comunal. Su objetivo es llegar a todas las veredas de Chía.

“‘Hilando historia y tradición’ es un hijo y ha sido mi vida entera, no me veo haciendo otra cosa. Quiero seguir escribiendo sobre la misma temática, trabajando sobre lo mismo porque me gusta el tejido y aún más el tejido social que este proyecto representa”, concluye convencida de que sí se puede recuperar lo perdido.

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