Mónica Ramírez, la centinela del Patrimonio de Chía

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Conversar con Mónica Ramírez, coordinadora del grupo de Vigías de Chía, es viajar por la historia de estas poblaciones y encontrar anécdotas y leyendas curiosas de cada una de las riquezas que poseemos, en bienes patrimoniales, en la región.

De profesión Restauradora de Bienes Muebles y Bienes de Interés Cultural, Mónica Ramírez heredó de su padre Héctor Alfonso Ramírez, la pasión por la arquitectura y la conservación del patrimonio de cada lugar. Su progenitor fue el primer jefe de Planeación que tuvo Chía, fue también quien diseñó el parque principal y la plaza de mercado El Cacique, a donde logró trasladar, después de muchos choques, la plaza sacándola del hoy parque Santander. Trazó igualmente la Variante a Cota.

La vida profesional de esta restauradora comienza estudiando arquitectura, carrera que abandona por el nacimiento y cuidado de sus dos hijos, María Elena y Juan David. Poco tiempo después inició estudios de Madera, en La Escuela Santo Domingo de Bogotá, y por cuenta de esta institución fue enviada a Lisboa (Portugal), a estudiar Restauración en la reconocida Fundación Ricardo Espírito Santo. Allí aprendió, entre otras maravillas, el oficio de la restauración clásica de bienes muebles, restauración con técnicas originales, estuco, hojillado en oro, imaginería (imágenes religiosas); luthería de instrumentos de cuerda pulsada y frotada y reintegración cromática con pigmentos originales.

A su regreso a Colombia, y a su casa en Chía, comenzó la restauración de todos los muebles de la casona Santa Rita, de propiedad de la familia Zubiría Montoya, (hoy la casa pertenece a la Alcaldía Municipal). Este trabajo le llevó seis años de cuidadosa labor, porque además de restaurarlos utilizando insumos elaborados por ella misma, con técnicas originales, realizó la bitácora de cada objeto y de cada mueble.

Los Vigías del tiempo y el espacio en Chía

Paralelo al ejercicio de su profesión comenzó a reunirse con un grupo de amigos a quienes los unían temas comunes. Henry y Rodolfo Navarro, Otto Martínez, Consuelo de Ramírez, Esperanza Raffán, Liza Hernández, Diana Collazos, Nancy Camelo y Jorge Enrique Audor, entre otros, conformaron por entonces el grupo de Vigías del Patrimonio Cultural y Natural de Chía, ente ya legalmente constituido y que realiza una importante y silenciosa labor velando porque se cumplan las normativas existentes para los bienes patrimoniales y porque, a la administración de turno, no le de por tumbar lo poco que queda. En la actualidad manejan un grupo de niños, otro de jóvenes y el original, el de adultos; además de la coordinación de la Red de Vigías de Sabana Centro.

Vigías del Patrimonio Cultural y Natural de Chía.

A estas labores se suma además el que Mónica es especializada en Conservación y Restauración de Material Pétreo (en piedra), lo que sirvió para ponerse al frente del puente El Cacique de Chía, construcción que data de 1700, y del cual hizo el diagnóstico piedra por piedra de las colonias biológicas que lo habitan y que pueden estar haciéndole daño. Con los Vigías lograron que se restringiera el paso vehicular para lograr su conservación.

Recientemente impidieron que la casona Villa Lucrecia, otrora finca de recreo de una familia compuesta por dos hermanos italianos casados con dos hermanas colombianas, no fuera derrumbada. Hoy, la casa está en restauración y esta organización se la está solicitando al alcalde Donoso para ser convertida en un Museo.

Al fondo se aprecia el estado actual de Villa Lucrecia.

«La nueva museología dice que los museos no son anticuarios, más bien son espacios vivos para controvertir, generar opinión y enriquecer con valiosos aportes a la comunidad», dice Ramírez. Para lograr estos objetivos es que quieren organizar la Casa Museo de Chía «como un sitio especial en el que los chianos nos sintamos orgullosos de nuestra procedencia y seamos capaces de conservarlo para transmitir nuestra historia a las nuevas generaciones», dice.

A pesar de que trabaja como una hormiga, logrando por ejemplo defender ante el Senado los recursos que le dieron a Chía por el Bicentenario, siente que en esta población está todo por hacer. Quiere traer el programa de Adopta un Monumento; trabaja en la celebración de Bicentenario que se realizará en el Puente del Común el próximo 14 de noviembre; sueña con la escuela Taller de Artes y Oficios en Chía; es miembro del Comité Mundial de Museos y cuando el tiempo se lo permite, forma parte activa del Comité de Seguimiento del dragado del río Bogotá.

Cada tema que ponemos en la mesa viene acompañado del relato de una maravillosa historia. Es así como también me entero que está trabajando en una investigación del cementerio del Resguardo Indígena; que tiene valiosa información de la iglesia de Santa Lucía, «es la tercera que se ha construido», dice, mientras cuenta anécdotas del lugar que promete escribirlas o contármelas para una próxima nota y aprovecha para enviarme la foto de la iglesia en su última construcción, que a continuación publico.

Albañiles en la construcción de la última iglesia de Santa Lucía, en 1929.

¿Qué es lo que más le gusta de su profesión? «El diálogo que establezco con los objetos», me dice convencida de que eligió un oficio perfecto. Y coincido en que ¡sí! fue su mejor elección. Culmino entonces la entrevista con la promesa de contar muchas historias a través de esta mujer que, sin ruido, ha logrado hacer trabajos destacados en Chía.

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