Ibiza, la isla blanca de las Baleares

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Por Bruno Sandoval Romero

«La isla blanca», llamada así por el color típico de sus casas, iglesias y molinos que proyectan ese resplandor casi enceguecedor al sol del mediodía, es una isla tranquila y apacible, donde parece que nada hubiera cambiado desde que Tanit nos la regaló.

Cuenta la leyenda que Tanit, antigua diosa cartaginesa, fue la única que creyó y apostó por nosotros, los hombres y las mujeres. Los dioses se reunieron, cómo suelen hacer de tanto en tanto, para evaluar el comportamiento de los humanos y decidir si nos perdonaban o por el contrario, nos exterminaban para así crear una nueva humanidad.

Tanit fue la única que alzó su voz por nosotros. Nos regaló esta isla preciosa, donde estaríamos a salvo y donde no existiría jamás (en tierra) ninguna planta o animal venenoso o peligroso para los que allí viviesen…nos regaló un jardín.

Y así fue, por los siglos de los siglos…hasta hace muy poco.

Porque está Ibiza… La que nunca duerme, donde todo pasa y todo es posible, donde todo se compra y todo se vende, donde si se quiere y se puede nunca se descansa, donde el Techno entra en un bucle infinito hasta estallar sin fin, una y otra vez mientras Ibiza ríe y baila.

Está claro que en esta isla puedes hacer todo lo que te imagines, el límite lo pone tu tarjeta de crédito.

Si eres un cachorro de oligarca con ganas de juerga y los bolsillos llenos, esta isla es perfecta para ti.

Siempre podrás hacer una champán shower con tus fantásticos amigos en cualquier Beach Club de moda, derrochando botellas de Moët&Chandon sobre bellos cuerpos bronceados y arenas blancas o incluir toda una excesiva tripulación de hermosa marineras semidesnudas en tu inmenso y desproporcionado yate dorado y fondearlo justo al frente de tu local favorito.

Blue Marlin, Ushuaïa, El Amante o Nikki Beach estarán encantados de recibirte y complacer todos tus pequeños o extravagantes deseos.

Clubes y locales en los que el omnipresente y todopoderoso ritmo de la música electrónica se ha vuelto religión, convirtiendo a esta pequeña isla en catedral y punto neurálgico mundial a la vanguardia de beats, láseres y efectos que se pueden escuchar en los miles de espectáculos, salas y fiestas (legales o no) que se presentan cada verano en este trozo de tierra que emerge del Mediterráneo.

Magnates y jeques de otras tierras comenzaron a construir sus mansiones con piscinas y jardines, llenos de palmeras y olivos traídos de África y aún más lejos, introduciendo en sus ramas y raíces a serpientes, escorpiones y arañas, animales forasteros de este paraíso, ocupando un nuevo orden en la cadena alimenticia y amenazando seriamente a las dulces, curiosas y brillantes lagartijas de mil colores metálicos que habían vivido aquí y solo aquí por siempre…hasta ahora. Nuevos tiempos, nuevos cambios. Nada ni nadie está a salvo del cambio constante.

Antes que despierte Ibiza, en el sueño del invierno, se prepara todo para la fiesta del verano, en la que nunca duerme.

La isla donde acuden las personas más «selectas», a las fiestas más selectas de los clubes más selectos convirtiéndola sin duda en la piedra en medio del agua más selecta del mundo, durante cuatro meses al año.

Escaparate acuático de los yates más impresionantes pero no necesariamente los más lindos, que arrasan con sus anclas voraces, destrozando decenas de metros cuadrados de majestuosa Posidonia en sus fondeos, mientras toman un gin-tonic.

La Posidonia Oceánica es «la planta» endémica del Mediterráneo responsable de la pureza y cristalinidad de las aguas circundantes de las islas Baleares y pulmón de Europa. Tarda un año en crecer 1 centímetro.

Por no hablar de los coches y motos. Bellos monstruos de lujo ensordecedor que con sus explosiones de velocidad, ocupan calles y playas sin piedad hacia cualquier ser que se desplace a pie.

Autoridades y gobernantes, mantienen una estricta política (que tantos frutos y petrodólares ha dado a la comunidad) que se resume en un buen slogan: ‘Tourist Wellcome Always’. La Ibiza sin mañana, viviendo el presente, apostándolo al todo o nada, al rojo, siempre al rojo de la gran ruleta del ahora. Luces de neón, champán a chorros se cuela entre los escotes…la música nunca acaba.

La apacible y encantadora

Pero, si por el contrario buscas otra experiencia y tu presupuesto no es muy alto o te encantan los detalles auténticos, Ibiza también tiene otra cara donde es posible encontrar bares escondidos en el campo con viejos propietarios a los que se les dificulta contestar en castellano; donde el vino y el queso se han hecho como siempre, con tradición. Donde los precios no han subido casi desde la época de las pesetas y las fotos son en blanco y negro. Donde es posible escuchar historias de pescadores y tiburones contadas por sus protagonistas. Donde la vida es tranquila y lenta, y si por casualidad llega un turista, es porque se ha perdido. Esa isla aún existe, arrinconada, escondida, casi secreta… pero aún viva.

Imprescindible, tomar una copa de deliciosa hierbas ibicencas de la casa en el famoso bar de la esquina Can’Anneta, en el pueblo de Sant Carles, o una cerveza fría y una tapa de tortilla de patatas en Es Galliner en Sant Josep o ver un partido de fútbol (si juega la selección Argentina es todo un espectáculo) en el bar XDXT en el centro de Sant Antoni, en la costa oeste, y aprovechar después para ver el atardecer. Uno de los mejores espectáculos naturales en los que cada tarde es una fiesta única, obsequio una vez más de Tanit para nosotros.

Y por último pero no menos importante, la visita obligada al sur de la isla, a la bella playa de Cala d’ hort para sorprenderse y presentar sus respetos a los imponentes, maravillosos y casi irreales islotes de Es Vedrá y Es Vedranell. Lugares mágicos en la tierra, centro de poder energético para los más espirituales, punto de encuentro magnético para los físicos y matemáticos, locación de mil historias y leyendas extrañas para los amantes de lo paranormal y los ovnis. Un lugar realmente especial e indescriptible. Un lugar para volver.

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