Las Siete Vidas del Gato

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El gato Gris esta situado en el tradicional barrio de La Candelaria.
Situado en el corazón de Bogotá, en el barrio de La Candelaria.

Antes de caer el telón y comenzara la cuarentena, el pasado sábado 14 de marzo, el restaurante Gato Gris estaba a reventar. Clientes nuevos y asiduos hacían fila en la entrada esperando su turno para ingresar. Los meseros se movían entre las mesas con cócteles y comidas en medio de la música en vivo que llenaba los espacios. Los comensales coreaban al ritmo de Mónica Mariño y Capital Sound, una de las más reconocidas agrupaciones musicales encargadas de animar la bohemia en Bogotá. Los turistas fotografiaban cada rincón de la casa para mostrar en sus países cómo se divierten los comensales en uno de los restaurantes más reconocidos de Bogotá, situado en La Candelaria, el más tradicional y antiguo barrio bogotano.

El cierre en época de pandemia

La música se silenció, el restaurante cerró pero aún así, El Gato Gris se reinició mientras culmina la pandemia.

Aunque ya desde el 6 de marzo se había confirmado el primer caso de coronavirus en Colombia, y el gobierno aún no expedía el decreto de cierre de bares y restaurantes que expidió hasta el 19 de marzo, Arturo Morales, dueño del Gato Gris, decidió anticiparse a lo que veía venir:«Tomé la decisión triste pero firme. Creo que nosotros fuimos el primer restaurante en cerrar en Bogotá, el día 15 de marzo. Haciendo el seguimiento de la situación tomé la decisión de cerrar y dí la orden que al momento de pagar la quincena, a cada persona de mi equipo le avisaran que al día siguiente el Gato no abriría sus puertas. Fue una decisión muy difícil pero sabía que yo era la persona que debía tomarla, aunque el restaurante estaba a reventar de turistas, ignorando lo que venía, también sabía que sería más difícil cerrar si eran las autoridades las que me ordenaban hacerlo.»

El comienzo…

El Gato Gris es uno de los lugares referentes e imperdibles para comer bien, rumbear y vivir momentos especiales en el centro de Bogotá.

Sentados, en la soledad que se siente en esta casa antigua de tres plantas con todas las sillas sobre las mesas, Arturo revuelve su café y se queda en silencio mirando la cuchara cuando le pregunto sobre el comienzo del restaurante. «Hace más de 20 años llegamos a La Candelaria con la firme idea de crear un sitio muy especial, un lugar en el que las personas se sintieran a gusto y disfrutaran de este barrio hermoso, de espacios acogedores, de una música cuidadosamente seleccionada y de una buena comida. No fue fácil iniciar, La Candelaria por ser el lugar bohemio de Bogotá, no contaba en esa época con un sitio de este tipo y además, se respiraba entonces un ambiente de inseguridad, drogas y varias formas más de pillaje», recuerda sus inicios con cierta nostalgia.

Una anécdota…

«El Gato Gris es el foco en el que confluye el desborde emocional de amores y desamores de muchos de nosotros…es un bote de energía», dice su propietario emulando a Benedetti.  

«Creo que contar aquí una anécdota es muy poco -además sin un brandy no me llega-. El concepto de El Gato Gris es una creación colectiva fortalecida con los años y con cientos de vidas que han vivido sus momentos trascendentales en cada uno de sus rincones. No pasa un día en que una persona llegue y cuente cómo en aquella mesa pidió la mano de la de hoy su esposa, o, como terminamos todos cantando nueva trova cubana una madrugada cualquiera, o, como este fue su sitio favorito durante toda la carrera universitaria. Creo que Mario Benedetti diría… El Gato Gris es el foco en el que confluye el desborde emocional de amores y desamores de muchos de nosotros…es un bote de energía».  

Comenzar de cero no es nuevo para Arturo. Él es un hombre echao pa’lante y todos los días, con pandemia y sin pandemia, se está reinventando. En momentos de crisis le gusta recordar que no hay nada imposible y todo sucede para mejorar. La clave, dice, está en encontrarle la comba al palo.

¿Cómo lo está haciendo?

«Creo que los que tuvimos una niñez de crisis, que logramos sentir hambre y que vimos como yo vi a mi madre sacarnos de la nada, estamos preparados para enfrentar momentos como los actuales y nos jugamos sin miedo por el resultado que queremos.  Aquí ya el planeta nos ha quitado la máscara y sabremos cada uno de qué está hecho. Muchos quedarán en el camino, lo seguro es que todo va a ser mejor, un poco más humano, una nueva conciencia individual y colectiva».

Como gran parte de los restaurantes que hoy luchan por mantenerse vigentes y no bajar la guardia, El Gato Gris también le está apostando a los domicilios y al suministro de alimentos, a través del supermercado Alimentos Ma, que tiempo atrás había creado para apoyar a madres cabeza de familia, y que en esta época está operando desde las instalaciones del restaurante. Aún así, cada mañana envía mensajes de aliento a sus empleados y mercados a sus casas porque conoce la situación por la que están atravesando y no está dispuesto a dejarlos decaer.

Arturo Morales no conoce la palabra rendirse. El mundo se ha reiniciado y es una gran oportunidad para comenzar de nuevo desde diferentes frentes, dice con entusiasmo. Para este hombre de negocios y fe en las nuevas oportunidades, con la llegada de esta pandemia: ¡Hemos nacido de nuevo!

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